Capítulo 3.
Una noche más.
- ¿Sabes lo que es?
- ¡Responde!
El grito me hace
despertar. Me doy cuenta de que estoy recostada en el frio y húmedo suelo de
una cueva o algo parecido. Miro a mi
alrededor y me percato de que hay bastante gente en la habitación, todas ellas
observándome.
- - ¡Responde!
Busco la voz que me
llama la atención de manera desesperada. Rápidamente doy con la persona. Se trata
de un hombre alto que lleva puesta una túnica larga, negra y que además está
llena de remiendas.
- -
¡Contesta!
¿Qué no oyes?- vuelve a gritar.
Su voz varonil
resuena en toda la estancia haciendo que la severidad de sus palabras sea
mayor.
- No sé nada. Lo
juro.- respondo con tranquilidad.
- Maldita mentirosa.
Se acerca a mí, se
pone de cuclillas y me toma de la mandíbula con una brutal fuerza. Su rostro
queda a escasos centímetros del mío. Puedo ver sus ojos negro azabache, al
igual, líneas de expresión bastante
marcadas de boca y ceño.
- - No
seas estúpida y mejor responde de una vez.
Mis ojos vacilan de
un lado a otro pensando desesperada y llena de angustia por conseguir una
respuesta que pueda satisfacer su necesidad. Sus dedos se tensan aun mas
entorno a mi boca; a pesar de ser delgadas sus manos parecen ser unas pinzas
duras como el acero y tan inhumanas como el acero que marca a los inocentes
animales. Así son sus manos.
- - No
sé nada. De verdad.-A penas logro pronunciar.
Su odio y furia
aumentan con mi respuesta, lo puedo observar en sus ojos y en la expresión de
su inmutable rostro.
- - Si
es lo que desea. Está bien.
Avienta mi rostro
contra el piso, se pone de pie y me da la espalda.
-Golpéenla hasta que
todas sus falsedades fluyan de su sangre y tiña este sagrado piso para que su
alma se libere y así se separe de todo pecado que ah cometido.- ordenada sin
desasosiego.
- ¡¿Qué?! –Grito.
Todas las personas a
mi alrededor comienzan a formar un semicírculo bastante cerca de mí.
- - Es
hora de que pagues por todas tus imperfecciones, hija de la naturaleza. Porque
no es tu culpa ser lo que eres, sino de algún ente pérfido.
Todos se abalanzan
sobre mí y empiezo a sentir sus furiosas manos sobre todo mi cuerpo.
- Si es
posible…desójenla. Su alma pura se encuentra debajo de toda esa porquería que
utiliza para encantar a los hombres.
- No es verdad.-Grito
con desesperación.
Alcanzo a ver como
una persona se aproxima a mí con una concha de mar en la mano.
-Apártense.- Ordena.
Se arrodilla y me
toma del pie, pero al sentir sus manos heladas comienzo a revelarme y lo golpeo
en la cara con mi talón.
Se queja un poco por
el golpe y rápidamente le ordena a unos hombres que me sujeten. Dos personas me
toman de los hombros y otras dos me sujetan de la cintura y piernas.
Me toma del tobillo y
acerca a la planta de mi pie desnudo la concha de mar y la entierra justo en
medio. Lentamente y sin muestra de piedad comienza a deslizarla de abajo a
hacia arriba la parte afilada de la concha.
Siento como la planta
del pie comienza a arderme y observo con horror las gotitas de sangre que caen
al piso.
- - Es
por tu bien.- dice el hombre de los ojos negro azabache.
Lo observo
sorprendida por sus palabras e inmediatamente veo mi pie y el gran charco de
sangre debajo de él.
Me desperté
empapada en sudor. Sentía que el corazón se me iba salir del pecho. La
impresión había sido demasiada, me sentía desvanecer.
Tan pronto me
avive, pude darme cuenta que estaba sobre la cama de mi habitación con la luz
apagada y las cortinas cerradas. El pánico me invadió y rompí en llanto. En
plena oscuridad y soledad podía escuchar mi respiración irregular junto con mis
gimoteos.
- - No
pasa nada.-trataba de tranquilizarme.
Poco a poco
estabilice mi respiración hasta convertirse en un leve susurro, mientras que mi
llanto se convirtió en un sollozo pudoroso.
Deslice mi mano
entre la oscuridad hasta que topo con la pantalla de la lámpara a un lado de mi
cama. Resbale mi mano sobre la pantalla hasta llegar al interruptor y
activarlo.
Una luz tenue de
colores sepia baño todos los rincones cerca de ella. Al verla me sentí con más
tranquilidad, tanta que me recosté y pude suspirar con sosiego. Ya no sentía el
vértigo que había experimentado al momento de despertarme, pero algo que si era
extraño era que sentía un pequeño dolor en mi pierna.
Tome la pierna
adolorida y la alce en el aire para verla. Me recogí el pantalón y vi la
pierna, estaba normal. La doble un poco hasta que pude tomar el dorso de mi
pie, la extremidad estaba cubierta por la calceta, metí el dedo en el calcetín
e hice palanca para zafarlo.
Me incline un
poco para observar mejor el pie, y no vi nada anormal, sin embargo al tocar los
dedos un dolor punzante recorrió toda la pierna. Llena de curiosidad observe
con detenimiento cada diminuto dedo y me percate de que mi tono de piel en esa
parte era más fuerte que el resto. Seguí mirando sin pestañar hasta que,
advertí que la planta del pie tenía un rojo encendido, no dolía, sin embargo la
coloración me dejo temerosa.
Sin titubear,
caí en la cuenta del sueño que había tenía minutos antes, y de lo que había
sucedido en este. Me senté en el filo de cama para examinar mejor mi pie. No
había visto mal, la planta del pie tenía un rojo vivo, como el de sangre cuando
uno se llega a cortar. Palpe con mis dedos el color rojo, no me dolía, pero si
sentía un ligero cosquilleo. No quise complicarme la vida con una respuesta muy
elaborada, quería irme a lo práctico así que, llegue a la conclusión de que a
lo mejor me había acostado en una posición en la que mi pie no pudiera quedar bien
y por ello se me había hecho aquella mancha roja. Fue todo lo que dije. En el
interior sabía que era una respuesta insulsa, sin embargo la me la trague.
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